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Nuestra sociedad está enferma de violencia

  • Foto del escritor: ANTONIO PAULIN BADILLO
    ANTONIO PAULIN BADILLO
  • 2 oct 2018
  • 2 min de lectura

En el marco de los 50 años de la matanza de estudiantes el 2 de octubre de 1968 en Tlatelolco, y los 4 años de la desaparición forzada de los 43 normalistas de Ayotzinapa, es necesario hablar sobre los múltiples daños a la salud que provoca la violencia.


Los hechos arriba citados son dos de los más emblemáticos, pero para mayor desgracia de nuestro país, la violencia se ha vuelto cotidiana y ejercida por cualquiera, así lo podemos constatar en diferentes medios de comunicación que nos muestran agresiones entre personas en la vía pública, alumnos dentro de sus escuelas o entre “aficionados al deporte”. Incluso muchos medios, utilizando la libertad de expresión con poca ética, venden estas noticias aprovechando el morbo de la gente y contribuyendo a una peligrosa desensibilización social al respecto.


La repercusión más evidente por parte de la violencia en la salud es la elevada mortalidad, pues de acuerdo con el INEGI las agresiones fueron la séptima causa de muerte en México en 2016. La enorme cantidad de asesinatos, 257 mil 556 entre diciembre de 2006 y junio de 2018, representa aproximadamente un homicidio cada 25 minutos. Son tantos los asesinatos, que han disminuido los años de esperanza de vida en los hombres.


Pero los daños van más allá, las secuelas psicológicas en las víctimas sobrevivientes y en sus seres queridos también son un problema de salud, que por cierto está desatendido como la mayoría de los problemas de salud mental en nuestra nación. Además a esto hay que sumarle las más de 37 mil personas desaparecidas, situación que por supuesto también afecta la salud de sus familiares. En último término podríamos decir, con justa razón, que los daños psicológicos provocados por la violencia alcanzan a cualquiera de nosotros que viva bajo estrés por esta situación.


Y como si no fuera suficiente, la violencia afecta la salud de otras maneras, por ejemplo mediante la alteración del funcionamiento de los servicios de salud, donde cada vez son más comunes desde las agresiones de pacientes hacia el personal o viceversa hasta asesinatos cometidos contra los trabajadores de la salud, lo que condiciona que se vayan abandonando los servicios precisamente en las regiones más necesitadas.


Ante esta grave situación ¿Cuál debería ser el papel de sector salud?


Hay muchas cosas por hacer, empezando por no dejar de investigar y señalar los daños que provoca la violencia en la salud, y mejorar la capacidad del sistema para contribuir a la prevención y atención de diversos tipos de violencia, como la de género y sexual, económica, el acoso escolar o laboral, la violencia intrafamiliar, hacia los adultos mayores y la propia educación violenta que forma parte del estereotipo de masculinidad. Así pues, los trabajadores de la salud debemos contribuir junto con toda la sociedad a cambiar la cultura de la violencia por una cultura de la paz.


 
 
 

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