La salud tampoco tiene fronteras
- ANTONIO PAULIN BADILLO
- 14 nov 2018
- 3 min de lectura

En las últimas semanas el tema migratorio ha sido uno de los principales en la agenda nacional e internacional. Y en esta columna reflexionaremos sobre este asunto desde el enfoque de la salud.
Para valorar en su justa dimensión este problema es preciso decir que se trata de una crisis humanitaria de personas de todas las edades que provienen de países empobrecidos por la explotación nacional y extranjera, quienes sufren un desplazamiento forzado propiciado por esta misma pobreza y por la ausencia de protección gubernamental ante el crimen organizado.
Debido a lo anterior, de entrada ya tenemos determinantes negativos para la salud de dichas personas, como son su económica precaria y el ambiente de violencia del cual también escapan. Ante esta situación, que no es nueva, aunque en esta ocasión sea masiva, el gobierno mexicano tiene la responsabilidad de procurar las condiciones sanitarias necesarias para que dicha crisis humanitaria no se agrave ni extienda.
¿Y qué sabemos sobre las acciones oficiales al respecto?
El gobierno federal anunció el plan “Estás en tu casa”, lo cual es un mensaje bastante congruente para los hermanos centroamericanos, ya que efectivamente los estaban tratando como a la mayoría de los mexicanos: mediante la represión y el engaño. Se pudo constatar en entrevistas hechas a migrantes que ellos no confían en el gobierno saliente de México, y por lo tanto tampoco se confía en sus servicios de salud, que por cierto a nivel federal casi no se han involucrado en el tema.
Por su parte, la Secretaría de Salud de Chiapas manifestó que realizaría acciones de atención médica básica, promoción de la salud para la higiene el albergues y vigilancia epidemiológica. Sobre este último punto ocurrió un hecho vergonzoso, cuando muchos migrantes fueron rociados con fumigantes, acción que está completamente contraindicada y contribuye a crear un pretexto más de discriminación hacia estas personas.
Posteriormente, a su paso por distintas ciudades han recibido ayuda de mexicanas y mexicanos hospitalarios, organizaciones de la sociedad civil y algunos gobiernos más que otros; pero sin una política o por lo menos coordinación visible en cuanto al aspecto sanitario.
Los peligros para la salud que enfrentan quienes se encuentran en esta travesía son muchos, desde las enfermedades infecciosas favorecidas por sus condiciones precarias, pasando por los accidentes y lesiones en los medios de transporte que utilizan, hasta llegar a cuestiones tan graves como la trata de personas para diversos fines; situación que ha llegado a tal grado de impunidad que muchas mujeres migrantes, al saber que tienen altas probabilidades de ser violadas en el camino, buscan el uso de anticonceptivos para por lo menos no resultar embarazadas.
En conclusión, atacando y criminalizando a las personas migrantes no se va a resolver nada, al contrario, se incentivará la violencia y seguirá creciendo su desconfianza en las políticas del gobierno mexicano (incluidas las de salud). Mientras se logran los necesarios y urgentes cambios socioeconómicos que desincentiven la migración Latinoamericana hacia Estados Unidos, se debe organizar de la mejor manera la ayuda a estas caravanas, mediante apoyo de alimentación, albergue, higiene, primeros auxilios, atención médica cuando se requiera, prevención de accidentes y protección especial contra la trata de personas. Ninguna de estas medidas, las de corto y las de largo plazo son dinero tirado a la basura, al contrario, la salud es un asunto colectivo que no conoce fronteras.



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