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El daño que nos hace la discriminación a lo indígena

  • Foto del escritor: ANTONIO PAULIN BADILLO
    ANTONIO PAULIN BADILLO
  • 16 oct 2018
  • 2 min de lectura

A propósito del pasado 12 de octubre, día en que hace 526 años unos indígenas del caribe (hoy exterminados) les dieron hospedaje a los tripulantes de 3 barcos perdidos, es importante reflexionar sobre la situación de salud de los pueblos indígenas.


En México el 20 % de las personas se autoconsideran indígenas, de acuerdo con la encuesta intercensal 2015 del INEGI. Este revelador dato casi no ha sido difundido, lo que pone de manifiesto el poco interés por estos más de 25 millones de mexicanos y mexicanas.


Es impactante pensar que 1 de cada 5 habitantes de este país pertenece a un grupo que ha sido sistemáticamente discriminado por siglos, el hecho se vuelve más absurdo si pensamos que la mayor parte de nosotros tenemos genes de alguna de las 68 etnias autóctonas de México, y aun los que no los tuvieran se benefician de la riqueza cultural indígena. ¿Acaso no la mayoría presumimos y disfrutamos de su comida, artes y conocimientos? Es decir, que al discriminar lo indígena nos estamos discriminando a nosotros mismos.



Obviamente la discriminación también ha tenido repercusiones en la salud. Bastaría decir que en nuestras tierras ha ocurrido el genocidio más grande de la historia de la humanidad y que las generaciones posteriores siguen sufriendo las consecuencias en sus condiciones de salud. Actualmente se presumen datos sobre los avances del seguro popular en la atención a las personas indígenas, pero no se reflexiona en que es un beneficio limitado, muy diferente a la amplitud de la Seguridad Social a la cual pocos de ellos tienen acceso.


Pero no es suficiente construir más unidades de salud en las comunidades indígenas, o afiliar a todos sus habitantes. Si cualquiera de nosotros nos hemos sentido incómodos en los servicios de salud por los malos modos de algunos de los servidores públicos, por no recibir información, o cualquier otra necesidad que no sintamos satisfecha; imaginémonos la desvinculación de las personas indígenas con estos servicios. Por ello, es necesario que el sistema en su conjunto tenga un enfoque de interculturalidad que consiste en respetar la idiosincrasia, tener un trato de iguales, fomentar la comprensión mutua y buscar una sinergia (y esto aplica para mejorar el acercamiento con cualquier persona).


Finalmente, es necesario aclarar que esta situación no debe provocar una actitud paternalista y mucho menos de lástima hacia las personas y comunidades indígenas, lo cual sólo nos impedirá aprender de las muchas aportaciones que estas culturas han hecho a la salud, por mencionar algunos ejemplos:


· La conciencia, mucho antes de que lo dijera la Organización Mundial de la Salud, de que la salud no sólo es física, sino también psico-social.

· El Parto vertical, irónicamente redescubierto por la medicina “occidental”.

· El Tequio (del náhuatl Tequitl), trabajo comunitario como forma de participación en la mejora de las condiciones de la propia comunidad.

· Esa forma de producción, alimentación y conservación biológica y cultural llamada Milpa.

 
 
 

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